
Carta a las despedidas.
Hace unos días me apareció un TikTok que decía: “Tengo demasiadas cosas para alguien que no tiene ciudadanía en este país”. Y me dio demasiada risa porque, recientemente, me mudé y me di cuenta de que tengo muchísimas cosas… ¡y apenas llevo seis meses acá!
Mis amigos me dijeron: “Espérate, vas a terminar teniendo mil cosas más”. Así que déjenme contarles un poco de todo lo que ha pasado en estos últimos días.
Ya han pasado seis meses. Así de rápido. He aprendido muchísimo, he hecho amigos, he vivido experiencias nuevas y, la verdad, siento que por fin estoy empezando a entender cómo funciona la vida acá.
Pero recientemente me tocó mudarme. Bueno, en realidad me mudé en el mismo piso, solo a otra habitación, jajaja. Súper dramática yo. Pero igual tuve que mover todas mis cosas y ahí fue cuando me di cuenta de que tengo un montón.
Así que me mudé. Ahora tengo una nueva roomie y, en un mes, me toca mudarme otra vez a otro lugar con dos personas súper lindas, que me abrieron los brazos y me brindaron su amistad desde que llegué, ya te contaré de eso después.
Y siento que irme del primer lugar que fue mi casa acá me dió mucho sentimiento. Pero también me ayudó a recordar algo: el hogar no siempre es un lugar, ni una persona. El hogar también eres tú, haciendo habitable un espacio para tu ser. Un lugar donde puedas descansar con confianza, porque sabes que, de alguna manera, te pertenece. Y en el camino de construir ese hogar, uno también conoce personas que lo acompañan, y lugares que, por un tiempo, te abren las puertas y te da espacio, espacio para habitar.
A raíz de todo esto descubrí algo: lo único constante en mi vida, o lo que más se ha repetido a lo largo de estos 21 años que llevo viviendo, han sido las despedidas.
Amigos, familia, muertes, duelos, sueños, aventuras… toda mi vida ha habido gente que se ha ido por alguna razón natural, por alguna razón de la vida o, simplemente, por cosas del destino. Pero que mi vida haya estado rodeada de despedidas no significa que sea fácil acostumbrarse a ellas. Y, obviamente, las despedidas también me han acompañado en este proceso. Hice muchos amigos de diferentes partes del mundo, personas cuyo tiempo de estadía acá era limitado. Aunque sabía que un día nos tendríamos que despedir, no lo asimilé realmente hasta que vi sus habitaciones vacías y sus cartas de despedida en mis manos.
La vida es muy corta. Y mientras más tiempo paso acá, más me doy cuenta de todo lo que todavía nos queda por experimentar, vivir y soñar como seres humanos. Es algo que quizá ya sabía antes, pero se volvió mucho más palpable cuando llegué aquí y me choqué con la realidad de que no todo lo que yo creía que era de una manera tenía que ser así.
Mudarme de mi primer hogar fue raro. Y me tocará mudarme más veces; Pero creo que así es la vida: una serie de cambios, despedidas, comienzos, finales y lugares que aprendemos a habitar por un tiempo. Y tal vez, por primera vez, estoy empezando a acostumbrarme a esta vida de incertidumbre. A no tener todas las respuestas. A confiar un poco más. Y, simplemente, a hacer mi parte.
Porque la verdad es que nadie tiene la vida completamente resuelta. Y aunque uno pueda planear, esforzarse y hacer todo lo posible para construir una vida “exitosa”, no todo depende de uno. Habrá cosas que no saldrán como queremos, planes que tendremos que cambiar, sueños que tendremos que soltar y etapas que tendremos que dejar ir. Y tal vez eso es, precisamente, lo que hace que la vida sea tan vida. No tener nada garantizado.
Y aunque muchas veces eso viene acompañado de preocupaciones, deudas, miedos y agobios, también viene con experiencias nuevas, con la fuerza de salir adelante en medio de una crisis, con personas inesperadas y con provisiones que, sinceramente, a veces solo puedo llamar milagrosas.
Quizá decir que lo único constante en mi vida han sido las despedidas no suena como algo bonito. Pero no todo tiene que ser bonito para dejar una marca. Creo que somos un rompecabezas hecho de todas las personas que hemos conocido. Algunas piezas se quedan para siempre, otras solo encajan por una temporada, pero todas terminan formando parte de lo que somos. Y todavía faltan piezas: lugares que no hemos visto, personas que no hemos conocido, historias que todavía no empiezan. El tema es qué tan dispuestos estamos a darnos la oportunidad de conocer, de abrirnos, de querer, de habitar nuevos lugares… pero también de despedirnos cuando llegue el momento, y aprender a tener paz con ello.
Nos leemos en la próxima carta.
Majo.
Deja un comentario