Sí, es difícil. Y sí, es increíble.

Carta a mi valentía.

Hay cosas que nadie te dice del invierno. Esos días en los que el cielo es gris, casi blanco de tan nublado. Esos días en los que el té caliente o el café recién hecho se vuelven refugio, y nuestros suéteres favoritos se convierten en los mejores aliados.

Hay cosas que no te cuentan de los días grises.

Y es que los días grises enseñan cosas que el sol nunca podría.

Aprendes a empezar de cero.
A pedir ayuda.
A perder el miedo.
A conocerte de verdad.

Aprendes que la calma también construye. Y de repente, cuando menos lo esperas… sale un rayo de sol.

Porque el invierno no solo enfría, también prepara. Y entonces entiendes que incluso los días más nublados estaban trabajando a tu favor.

Así que déjame contarte un poco de lo que he aprendido en medio de este invierno.

Hace un par de días cumplí un mes acá. Y es una locura pensar en lo rápido que pasa el tiempo. Hace un mes estaba teniendo uno de los peores días de mi vida… y hoy estoy haciendo las paces con vivir lejos de mi país.

Creo que a veces es como mirar todo con lentes de sol. Cuando no te los quitas, todo se ve más oscuro de lo que realmente es. Nada tiene color.
Nada brilla. Pero de repente te los quitas… y quizá no todo estaba tan oscuro.

Aquí pasa algo curioso: el clima es súper cambiante. Podemos pasar toda la mañana con lluvia y frío, y de repente, a las tres de la tarde, el cielo empieza a despejarse y sale el sol como si nunca hubiera estado nublado. Y creo que eso ha representado mucho mi estadía acá.

El día gris no tiene por qué quedarse siendo gris. La lluvia no es permanente.
El frío tampoco. A veces solo es cuestión de esperar un poco más. De resistir un poco más. De confiar en que el cielo también sabe abrirse.

Así que estos días me he dado la oportunidad de: intentar.

Intentar salir más de mi zona de confort. Hacer cosas sola. Poner de mi parte.
Conocer nuevos lugares. Tener nuevas experiencias. Pedir ayuda. Preguntar.

Siempre he sido un poco introvertida/extrovertida. Extrovertida porque me fuerzo a serlo, no porque realmente lo sea. Pero aquí he tenido que hacerlo.
Y eso me ha llevado a conocer gente súper linda. Gente con miedos, con sueños, que también está aprendiendo a vivir esto por primera vez.

Estas semanas me he atrevido a hacer planes sola. Siempre me daba vergüenza hacer cosas sola. Sentía que me vería rara. Que no podría.
Pero aquí… me he atrevido a intentarlo. He tomado el bus sola. He conocido cafeterías, restaurantes y lugares sola. Y sí, he salido con amigos nuevos, y esas salidas llenan muchísimo. Pero también llena vivir cosas sola.

Porque haciendo cosas sola me di cuenta de algo: no me conozco tanto como creía. Conozco los colores favoritos de mis amigos. Sus artistas favoritos. Sus películas favoritas. Pero cuando alguien me preguntaba eso sobre mí… no sabía qué responder. Y creo que muchas veces viví de acuerdo al resto. Nunca traté de imponer mi voz. Siempre sentí que tenía que ocupar el menor espacio posible.

Aprender a hacer todo sola me ha obligado a conocerme. Y creo que antes no lo hacía… o tal vez no quería hacerlo. Ahora fue sí o sí. Descubrí que mi color favorito es el verde. ¿Adivinen de qué color es mi poncho, mi pachón, mis platos y mis sábanas? Sí. Verde.

Descubrí que me encanta el café de aquí, porque es espeso, casi como crema. Descubrí que no tengo un artista favorito, pero que me encantan muchos. Descubrí que mi película favorita es Cuestión de Tiempo y Wake Up Dead Man. Descubrí que me encantan los cócteles de zumo de aquí. Descubrí que cada día me gustan más los mariscos. Y que definitivamente mi comida favorita es la pasta… porque solo Dios sabe que pasé una semana entera comiendo pasta y podría hacerlo toda la vida. Descubrí mucho de mí. Y si sigo, este blog sería larguísimo.

Pero en un mes respondí preguntas sobre mí que no había podido responder en 21 años. Todos necesitamos un poco de incomodidad. Todos necesitamos salir de nuestro confort para conocer partes de nosotros que no sabíamos que existían. Todos necesitamos nuevas experiencias, lugares y aventuras que nos formen. A veces irse lejos no solo cambia tu paisaje. Te cambia por dentro.

Y creo que todo esto me ha llevado a agradecer. Agradecer estar acá.
Agradecer el esfuerzo. El trabajo. La oportunidad. Porque estoy viviendo lo que antes soñaba. Me despierto y mi paisaje son montañas nevadas. Me subo a un bus y tengo la playa a quince minutos. Puedo caminar horas y horas y descubrir lugares que parecen sacados de una pintura. A veces se me olvida que esto, hace un tiempo, era solo un sueño. Todo es posible para el que cree. Y yo creí en esto.

¿Es difícil? Sí.
¿Duele a veces? También.
Pero es increíble.

Estoy emocionada por lo bueno, por lo incierto, por las aventuras, por las metas y por los desafíos. Porque todo forma. Todo moldea. Todo nos hace más fuertes. Extraño cada día más a mi familia. Pero también cada día es una oportunidad de demostrarles cuánto agradezco su apoyo esforzándome aquí. Construyendo aquí. Creciendo aquí.

Porque aunque el invierno sea frío, el paisaje sigue siendo hermoso.
Y yo elegí quedarme a ver cómo sale el sol.

Nos leemos en la próxima carta.

Majo.

Deja un comentario